jueves, 27 de junio de 2013

Capítulo 2.


Levanté mi mirada para examinar a la persona que me había hecho caer. Y simplemente reconocí a un hombre con una gorra que dejaba escapar algunos cortos mechones rubios, con una camiseta blanca en la que estaba inscrita la palabra Ramones y la insignia del grupo, y con unas gafas de sol; aunque estas se las estaba poniendo, supongo que del tropiezo se le debían de haber caído. Mientras se las ponía, dejaba ver unos atractivos y hermosos ojos azules. 

-¿Estás bien?- Escuché de fondo. Pero yo estaba demasiado concentrada en el hermoso chico que tenía delante y en saber de qué me sonaba.

-Oye, ¿estás ahí?- Sentí cómo la sangre subía hacia mis mejillas haciendo que estas se tintaran de un rosa bastante perceptible sobre mi blanca piel. Y es que el mismo chico con el que me había chocado, ahora estaba agachado frente a mí.

-Sí-. Musité en un tono que no tenía claro si había escuchado. Pero no le di tiempo a contestar, pues rápidamente recogí aquellas cosas que estaban a la vista, deseando no dejarme ninguna por el camino. Me levanté y eché a correr. Estaba demasiado avergonzada como para poder seguir mirando a ese muchacho a la cara.

-¡Espera!- Percibí a lo lejos, pero no le presté atención.


Llegué antes de lo pensado a mi actual apartamento. Dejé todas las cosas que había recogido del suelo tras la caída, para posteriormente ordenarlas. Y me dirigí hacia el aseo. 

Me desnudé, dejando la ropa en las respectivas perchas, y me adentré a la moderna ducha del apartamento. Dejé que el agua caliente corriera por mi cuerpo, mientras hacía un esfuerzo por olvidarme del desastroso día que he llevado, por unos instantes. Lo único bueno que me había ocurrido en todo el día, era el hecho de que me habían contratado en el trabajo que siempre había soñado. 

Salí de la ducha con una toalla abrazada a mi cuerpo, a la vez que me encaminaba hacia la cocina para prepara algo para la cena. Una vez vestida, saboreaba una pizza de barbacoa, con un vaso de coca~cola, entretanto, dirigía la mirada, sin enterarme de mucho, a la renovada televisión, que adornaba el mueble del salón. 

Escuché que salía de ella el nombre de un grupo que la verdad me había persuadido. Este actual grupo recibía el nombre de One Direction. Eran cincos los componentes de este, pero el que más me llamó la atención fue aquel rubito, al que llamaban Niall, por lo que había oído. Quedé fascinada con esos ojos azules que recientemente había visto. Y es que me sonaban tanto, pero no creo que me topara con ellos. Pues Niall o los demás componentes del grupo eran muy famosos y si alguna vez lo lograbas ver, seguramente sería rodeado de aquellas fans.

-A no ser, que fuera disfrazado, o tapado para que no lo reconozcan-.  Insistió mi subconsciente.

Y en ese momento recordé el vergonzoso momento que había sufrido esta mañana. ¿Podría haber sido él? No, no lo creo. Y es que, quería convencerme a mí misma, que simplemente me había chocado con un hombre normal, vamos un hombre que no es famoso.

Apagué la televisión, para luego intentar dormir en mi cama, sin que ese pensamiento me estuviera molestando toda la noche.


~Al día siguiente~.


Me desperté con la alarma de mi despertador, y me encaminé al gran armario gris, que concordaba perfectamente con los colores de mi habitación. Elegí mi ropa para el trabajo, unos pantalones vaqueros, una camisa verde turquesa y unas cuñas no muy altas. 
Me puse un poco de colorete y brillo de labios y salí de aquel apartamento, para encaminarme a mi nuevo trabajo. Lo único que esperaba era que no ocurriera otro momento como el de ayer. Pero, la suerte no estaba de mi lado.





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